El libro de Números, en el capítulo 32, nos describe a dos tribus que comenzaron a buscar beneficios para ellos mismos y dejaron a un lado el interés por todo el Pueblo de Dios. Como pueblo y comunidad las tribus tenían que permanecer en la visión de Dios. Implicaba seguirle con todo el corazón. Salir de Egipto en busca de la tierra prometida no fue nada fácil. Después de 400 años de ser esclavos ellos eran desafiados a tener una nueva mentalidad y actitud espiritual. En el umbral de comenzar a concretar este sueño las tribus de Rubén y Gad le dijeron a Moisés: “No nos hagas cruzar el Jordán”.

Surge el peligro de otra visión y los antivalores que representa:

  • Avaricia versus Generosidad.
  • Individualismo versus Cooperación.
  • Condicionalidad versus Incondicionalidad
  • Desobediencia versus Obediencia.
  • Rebelión versus Sujeción.
  • Etnocentrismo versus Alcance local y global.

Moisés les interpelo preguntando: ¿Les parece justo que sus hermanos vayan al combate mientras ustedes se quedan aquí sentados?  ¿No se dan cuenta de que esto los desanimaría? (v6-7)

Seguir a Dios con el corazón es renovar la mente por su Palabra y por el Espíritu Santo. Es creer que todo se hace posible en las manos de Dios. Es la Fe opuesta a la fatalidad, resignación y egoísmo. Es dar lugar a la constancia, lucha y generosidad. Cuando le seguimos con todo el corazón las promesas y bendiciones que Dios tiene son hechas realidad.

Permanecer en la visión de Dios (Isaías 49:6) significa experimentar su poder en nuestras vidas e iglesia. La visión está ligada a la fe. Sin fe es imposible agradar a Dios. Es salir de lo natural y vivir en lo sobrenatural. Las señales y milagros siguen a los pasos de fe.

El llamado a la cooperación, comunión y solidaridad es un desafío para toda la iglesia y no solo para algunos. El proyecto del Reino de Dios va más allá de las cuatro paredes del templo. Debemos auto examinarnos cuando no estamos dando pasos de Fe.