Veintidós voluntarios —médicos de Guayaquil, estudiantes universitarios y misioneros— atendieron a 214 personas en los recintos de Boca de Caña y Monte Alto. Entre consulta y consulta hubo tiempo para visitar a los enfermos que no pudieron salir de casa.
La camioneta salió de Guayaquil a las cinco de la mañana. Hora y media después, el asfalto se volvió tierra y los arrozales se abrieron a los dos lados del camino. En Boca de Caña ya había gente esperando: mujeres con sus hijos en brazos, hombres que habían dejado el trabajo en el campo por una mañana, ancianos sentados a la sombra de un árbol de mango.
El equipo montó cuatro estaciones en la cancha del recinto: triaje, medicina general, odontología y farmacia. En la capilla, a veinte metros, el padre Andrés dispuso una mesa para confesiones. Nadie planificó que las dos filas terminaran cruzándose, pero así ocurrió: quien salía de la consulta se quedaba conversando, y quien esperaba turno entraba a rezar un rato.
“Aquí nadie viene solo por la pastilla. Vienen porque alguien por fin les preguntó cómo están.”
El segundo día el equipo se dividió. Una mitad se quedó en Monte Alto atendiendo consultas; la otra salió a caminar los recintos con una lista de doce nombres: personas que no podían llegar por su cuenta. Se visitaron once casas. En una de ellas, don Ramón, ochenta y siete años y postrado desde su última caída, recibió la unción de los enfermos rodeado de sus nietos.
Se entregaron medicamentos para tratamientos completos, no muestras: antihipertensivos, antiparasitarios, analgésicos, vitaminas y control de glucosa. Diecinueve casos que requerían seguimiento quedaron registrados y derivados al subcentro de salud de la parroquia, con el compromiso de acompañarlos en la próxima visita.
El domingo cerró con misa en la capilla de Monte Alto. Cabían unas sesenta personas y entraron muchas más; el resto siguió la celebración desde la puerta y las ventanas. Al final, la presidenta del recinto agradeció en nombre de todos y pidió una sola cosa: que volvamos.
Eso es, al final, de lo que se trata. No fuimos a resolver el sistema de salud de la zona rural del Guayas, porque no podemos. Fuimos a tender un puente de encuentro: a mirar a los ojos, a tomar la presión, a escuchar, a rezar juntos. La próxima brigada está prevista para marzo.