Del 13 al 24 de julio recibimos a 19 misioneros extranjeros, entre ellos un médico y un sacerdote, quienes junto a nuestro equipo del proyecto y a los médicos voluntarios de Guayaquil vivimos la Misión Médica 2026.
“Considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que ha de revelarse en nosotros.”
Durante estos días tuvimos el regalo de poder servir en cinco comunidades: La Margarita, El Rosario, Monte Alto, Aguas Verdes y San Cristóbal. En algunas hicimos primero un día de visitas a casa donde compartíamos con la familia un momento especial de encuentro y rezábamos con algún versículo de la Biblia. Los días de brigadas médicas ofrecimos atención médica gratuita en medicina general, odontología, pediatría, ginecología y terapia respiratoria, donde atendimos en total a alrededor de 700 personas en zonas rurales donde no siempre es accesible un servicio de salud.
Un encuentro que marcó mi corazón fue el que vivimos en una casa, donde visitamos a una señora que tiene cáncer y estaba pasando por mucho dolor. Conversando con ella, mientras fue un ratito a generosísimamente servirnos algo de tomar, el grupo se puso a pensar sobre qué cita rezar con ella. Uno de los misioneros dijo algo como: “esta cita que habla de los sufrimientos que no se comparan con la gloria…”. Yo, que estaba liderando esa visita, abro la Biblia y, apenas la abro, ahí estaba la cita. Entre las casi 1.749 páginas que tiene mi Biblia, ¿cuáles eran las probabilidades de que se abriera justo en ese versículo?
Fue un signo muy claro para mí de que Dios estaba ahí, muy presente. Y para uno de los misioneros, que tenía dudas sobre su fe, también fue un testimonio muy bonito de Dios haciéndose presente de manera muy clara. Rezar sobre esa cita con ella fue un regalo y un momento muy fuerte de encuentro con el Señor para todos los que estábamos ahí.
Creemos que ese es el verdadero fruto de las misiones: que el amor que se entrega transforma no solo a quien lo recibe, sino también a quien lo da. Y esto sana, esto cura, porque al final nos permite el encuentro con el Señor.