Mi misión en Ecuador fue una experiencia por la que siempre estaré agradecida. Tuve la oportunidad de conocer a muchas personas increíbles, experimentar una cultura diferente y servir a los demás de maneras que fueron muy significativas para mí.
Aunque el viaje duró solo una semana, hice conexiones y viví momentos que sé que permanecerán conmigo durante mucho tiempo. Del 28 de febrero al 7 de marzo, estuvimos sirviendo en Aguas Verdes, donde ayudamos a construir parte de la pared que rodea y delimita la Escuela 7 de Noviembre.
Poder trabajar junto a otras personas en este proyecto y contribuir de una manera práctica hizo que la experiencia fuera aún más significativa para mí. Me recordó lo importante que es apreciar las pequeñas cosas de la vida y estar presente con las personas que nos rodean.
Este viaje también me ayudó a crecer mucho en mi fe. Estar rodeada de personas que compartían el mismo amor por Dios y ver la alegría y bondad de las personas que conocimos fortaleció mi relación con Él. Aprendí que la fe no se trata solamente de lo que creemos, sino también de cómo tratamos y servimos a los demás. Regresé de Ecuador sintiéndome más agradecida, más conectada con mi fe e inspirada para seguir viviéndola en mi día a día.